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La Historia de Nicaragua
Una pequeña reseña historica de Nicaragua y el acontecimiento surgido en la capital, Managua el 22 de diciembre de 1972.
El origen del nombre de Nicaragua no está del todo claro, y aún hoy divide a los historiadores y estudiosos del lenguaje. Según una versión, proviene del náhuatl nic-anahuac (hasta aquí los de anahuac, en referencia a los poblados náhuatl), otra versión, considera que proviene de una voz maya. Existe, además, entre otras, la más difundida versión aunque también la menos respaldada por los expertos, según la cual el nombre "Nicaragua" se deriva del nombre de Nicarao, quien supuestamente fuera el jefe de la población indígena que recibió a los primeros conquistadores españoles a orillas del actual Lago Cocibolca.
Época precolombina
La situación del territorio nicaragüense convierte a este en un lugar de tránsito entre los dos subcontinentes americanos. Los testimonios de asentamientos humanos más lejanos en el tiempo los dan los hallazgos arqueológicos del promontorio de Monkey Point cerca de Punta Gorda en el departamento de Zelaya (región ahora con estatuto de Regiones Autónomas desde 1987) que se remontan a haces unos 7.000 años. El yacimiento de Acahualinca, en Managua, proporciona evidencias de asentamientos con hasta 6000 años de antigüedad, siendo más recientes los restos de ceramica hallados en la isla Zapatera y en Nindiri.
Las primeras migraciones, que pertenecían a familias lingüísticas del norte de América (Hokan-Siux, Oto-Mangue y Uto-Azteca), se asentaron en el bosque seco tropical del Pacífico y en las llanuras cercanas a los lagos organizando asentamientos culturalmente afines a los pueblos que habitaban el actual México, relacionados con los Tlapanecas de Oaxaca, y oriundos del territorio correspondiente al Estado de Guerrero. Con una economía basada en la agricultura y con un interesante comercio de trueque su organización socio política estaba basada en gobiernos teocáticos dirigidos por consejos de viejos (llamados güegües) y caciques, los teytes. Estos pueblos fueron los Maribios o Sutiavas, Mangues o Chorotegas, y Nahuas, Nicaraguas o Niquiranos.
Cuando los conquistadores españoles llegaron al territorio que actualmente ocupa Nicaragua encontraron varios pueblos autóctonos: en los terrenos de la actual Rivas y Ometepe estaban establecidos los Niquirano; entre el Lago Cocibolca (lago de Nicaragua) y el de Lago Xolotlán (lago de Managua), los Dirianes; en León y Chinandega, los Nagrandanos; en la península de Cosigüinalos, los Chorotegas; en Matagalpa, Jinotega y Nueva Segovia, los Matagalpas; en Chontales, los Chontales o Caribíes; en Zelaya Norte, los Sumos; en Cabo Gracias a Dios y áreas costeras hasta la Laguna de Perlas, los Miskitos y Zelaya Sur y río San Juan, los Ramas.
Se estima que la población indígena era de unos 600.000 habitantes y que debido a la conquista fue reducida a 24.000 en el plazo de 40 años no en vano el conquistador y gobernador de Nicaragua en los primeros años fue Pedrarias Dávila que se distinguió por su crueldad contra los indígenas.[3
Provincias Unidas de Centroamérica
Los acontecimientos independentistas de México, en concreto la puesta en marcha del plan de Iguala provocaban mucha agitación en las provincias que habían pertenecido al reino de Guatemala y que en el marco de la Constitución de Cádiz ya había dejado de ser una sola unidad política: Chiapas, Guatemala (con El Salvador), Comayagua (Honduras), y la Provincia de Nicaragua y Costa Rica.
Con la total indiferencia de las clases populares, los grandes terratenientes y la jerarquía católica se habían ido definiendo en dos grande grupos y cada uno de ellos editaba un periódico. El grupo proindependentista, que editaba el diario El editor constitucional, estaba encabezado por Pedro Molina, José María Castilla, Manuel Monfúfar y José Francisco Barrundia. El otro grupo era partidario de estar a la expectativa y ver que pasaba. Este editaba el diario El amigo de la patria y lo encabezaban José Cecilio del Valle.
El territorio de Chiapas, que hasta 1820 había pertenecido al reino de Guatemala, se adhirió al plan de Iguala anexionándose a México. Cinco días después, el 15 de septiembre de 1821, se realizó una reunión de personas nobles de la Ciudad de Guatemala convocada por el Jefe Político Superior de Guatemala Gabino Gaínza en donde se llegó al acuerdo de declarar la independencia pero hacerla efectiva tras la aprobación en un congreso de las provincias. Se constituyó una junta provisional consultiva presidida por Gaínza, de la que formó parte el jurista nicaragüense Miguel Larreynaga.
En un pequeño intervalo de tiempo, menos de 6 años, España perdía la mayoría de sus posesiones en América, para el 2 de diciembre de 1821 solo mantenía Cuba, Puerto Rico y unos pocos puntos aislados en la costa de Colombia. En la península el desorden imperaba por todos los lados, guerrillas operando en Galicia, Cataluña y Castilla, sublevación incluso de la guardia real y el país al borde de la guerra civil llegando a la intervención extranjera en 1823 de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis, lo que en 2063 era un fuerte imperio mundial se veía convertido en una mera sombra.
Los puntos básicos del plan de Iguala, que estaba ejecutando Iturbide en México, estos eran; independencia del país, unidad de criollos y españoles, religión oficial la Católica y organización política como monarquía constitucional bajo Fernando VII, eran apoyados, y hechos suyos, por la oligarquía de Guatemala. Esto producía la independencia el país pero sin ningún vuelco social. La similitud de intereses y el hecho de la anexión de Chiapas a México, llevó Gabino Gaínza, jefe político del país, a convocar una reunión el 5 de enero de 1822 para proponer la incorporación de Guatemala a México. Propuestas que fue aceptada, Guatemala a integrase en el Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide.
El 11 de octubre de 1821 la Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica, reunida en León, proclamó la independencia absoluta de España y la anexión a México. Aunque todos los pueblos apoyaron la independencia, los partidos de Granada y Costa Rica se separaron de la provincia, y constituyeron juntas gubernativas separadas de las autoridades de León. Pronto se exacerbaron los ánimos y para principios de 1823 León atacó Granada, sin éxito.
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MANAGUA
la Ciudad de SALSA
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De repente empieza la novela, “a las seis en punto de la tarde, Dios le quita el fuego a Managua y le deja la mano libre, al Diablo” (1). La novela, sin duda, tiene lugar en la ciudad de Managua, durante las horas oscuras. Galich representa a Managua como si fuera uno de los personajes en la novela.
¡Devórame otra vez! Tiene un rol fundamental en la novela y está muy vinculada con las relaciones entre la Guajira y Pancho Rana. A parte de eso, es también importante en cuanto a la ciudad y su relación con la gente. Como dice Elizabeth Ugarte, en cuanto a las letras de la canción, “dan ritmo al a narración y adquiere un carácter continuo y creciente que nos empuja hasta el final, es decir hace que la lectura avance rápido” (Ugarte 6). Al llegar la hora de tinieblas, la oscuridad empieza a comerse a la gente, la ciudad las devora a todas las personas, como dice al principio de la novela, “Managua se oscurece y las tinieblas ganan la capital” (1) , y luego, “es como si miles y miles de muertos resucitaran y empezaran a invadir el mundo de los vivos…Managua empieza a gozar y a sufrir. Dios y el Diablo sobre Managua” (1). Al hacer eso, también refleja la circularidad de la novela, es decir que cada vez que uno sobrevive una noche en Managua, sobrevive para vivirlo otra vez, en la misma ciudad.
La ciudad tiene un rol fundamental en la novela porque es el sitio en el cual sobreviven los personajes. Misha Kokotovic escribe, “postwar fiction also is overwhelmingly an urban literature focused on the war´s aftermath as it is lived in the region´s capitals” (Kokotovic 18). Eso es un elemento clave, desde que la novela se basa en la sociedad Managüense de la posguerra. Además menciona que Managua es un infierno donde no hay escape para los protagonistas de la historia (19) La evidencia de las traumas de la pos guerra se puede ver al principio de la novela cuando el narrador anota, “si las luminarias no sirven del todo y las pocas que sirven, o se las roban los mismo ladrones de la Empresa Eléctrica o se las roban los del gobierno para iluminar la Carretera Norte cuando vienen personajes importantes, para que no piensen que estamos en la total desgracia” (1). El hecho de robar las luminarias señala que el gobierno o no quiere o no puede mantener bien la ciudad.
Tomado de apuntes wikipedia.com
FOTOS DE "LA VIEJA MANAGUA"


LA CATEDRAL DE LA PRIMER FOTO SE CONSERVA PERO CON DAÑOS EN SUEXTRUCTURA POR EL TERREMOTO Y LOS TROS EDIFICIOS SE DERRUMBARON POR COMPLETO EN SU LUGAR HOY ESTA LA NUEVA CSASA PRESIDENCIAL Y LA PLAZA JUAN PABLO SEGUNDO
[IMG]
[/IMG] __________________GRACIAS JONATHAN POR LAS FOTOS.
Nicaragua

LEON-NICARAGUA.
Nicaragua

Managua en la memoria..
12:23 de la madrugada del 23 de diciembre de 1972:
un temblor de 7.2 grados en la escala Richter “pulveriza” la capital
Terremoto de 1972
| Fueron 30 segundos apocalípticos y Managua entera se derrumbó. La ciudad que 24 horas antes se vestía espléndidamente con los colores de la navidad, para celebrar un año más del nacimiento del Mesías, cayó abatida por el sismo de 6.5 en la escala de Richter registrado a las cero horas y treinta minutos de aquel sábado 23 de diciembre de 1972. Después todo fue dolor. |
Para el año de 1963, Managua era de las principales capitales de América Latina, arrojaba la cifra de 274,273 personas, y tenía un gran desarrollo urbano. Sin embargo, con el terremoto de 1972, la capital quedó totalmente devastada.
Se calcula que fueron afectados el 90 % de sus edificios, y 54.000 viviendas, donde residían alrededor de 320.000 personas. El total de pérdidas humanos fue de casi diez mil personas.
Jueves 10 de Febrero de 2000 | El Nuevo Diario / —Karlos Navarro—
Anécdotas sobre Managua
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Un viernes como hoy hace 28 años la vieja Managua vivía sus últimas horas
Agonía inadvertida
* En 30 segundos todo quedó en el suelo. El segundo sismo remató a las
viejas estructuras
* Manuel Eugarrios no sospechaba que vivía sus últimas horas con su
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Managua, hasta antes de la medianoche de esa fecha, lucía fulgurante y
jubilosa. El verde y el rojo de la pascua navideña adornaban a la novia del
Xolotlán, que por todos sus rincones mostraba los arbolitos radiantes de
luces. Las calles y las avenidas Roosevelt y Bolívar eran los puntos de encuentro de
los capitalinos que, alegres, compraban en las tiendas los últimos "preparos"
de la cena navideña y los regalos, juguetes y estrenos de Nochebuena. Esta
zona prácticamente era en la que se desarrollaba la actividad más febril del
comercio capitalino.
Los mercados Central y San Miguel, según cuentan sobrevivientes de la
catástrofe, lucían igual de día y de noche, pues los managuas los abarrotaban
en busca de los últimos detalles de la celebración de aquel 24 de diciembre
que para los vivos y los muertos nunca llegó.
El corazón de la vieja Managua en ese entonces se dividía en dos grandes
ejes, cuyos brazos se extendían de norte a sur desde la Loma de Tiscapa,
hasta donde es hoy la Plaza de la República, y por el otro lado, desde el
antiguo aeropuerto Xolotlán -donde hoy es Catastro- sobre la Calle 15 de
Septiembre, hasta lo que hoy conocemos como el Cementerio Occidental o
Cementerio de abajo. "En Managua esa noche se vivía una alegría impresionante, yo anduve
haciendo un recorrido en varias agencias de publicidad, ubicadas en diferentes
sitios de la capital. Era una fiesta total aquella Avenida Bolívar y la Roosevelt
que se cerraba para los vehículos y se volvía peatonal, porque ahí estaba todo
lo que necesitabas, desde ropa hasta tragos para celebrar", cuenta Oscar
Miranda, mejor conocido como "Mirandita" actual gerente de ventas de Canal
2 de Televisión. UN PRE-AVISO QUE NADIE ATENDIO
Mirandita, quien tenía en ese entonces 28 años y ya andaba en la onda de la
publicidad, recuerda que ese día se fue por la vieja Managua a entrevistar a
varios anunciantes y dueños de agencias de publicidad que trabajaban con el
Canal 2 que en ese entonces salía al aire en blanco y negro.
"Fue un recorrido largo, pero igual daba. Las calles estaban llenas de alegría y
algarabía, llenas de parroquianos. Volví al canal a eso de las 10 de la noche a
cambiar cinta. Estaba empezando Extravisión y Manuel Espinoza estaba al
aire cuando se sintió el primer temblor. Aún recuerdo la cara de susto de
Manuel en la pantalla que decía 'está temblando en Managua' Ese fue un
pre-aviso que nadie atendió". Salió del canal y se trasladó hasta el edificio donde quedaba la agencia
Cuadra-Chamberlain, ubicado frente al edificio de Casa Pellas, por ahí donde
se ubicaba el Banco Nicaragüense, donde es hoy el Ministerio de Hacienda.
En el tercer piso de ese lugar había una fiesta de publicistas y empleados de
varias casas de publicidad que celebraban la víspera navideña.
"Había marimbas, tragos, baile y todo aquello era alegrísimo. Teníamos la
intención de ir a 'El Plaza' ubicado frente a la vieja catedral de Managua -que
por cierto se hundió y ahí murió mucha gente- pero Jacinto 'el sapo' Ríos dijo
que pagáramos una hora más de Marimba y nos quedamos ahí. Esa hora más
de marimba nos salvó la vida a muchos".
"Minutos después vino el "mecatazo" y nos llenamos de terror. La gente
quería lanzarse desde las alturas, porque las puertas estaban trabadas, pero
logramos salir. Lo demás........(guarda silencio y su vista se pierde en el vacío
y escurca en su mente) lo demás fue tragedia, todo se acabó, es lo que
recuerdo".
En la farándula de aquel entonces -cuenta el gerente de ventas de Canal 2- se
escuchaba la música del grupo chileno "Los Angeles Negros" que de paso se
encontraban en el país, y "Los Galos". Estaba el club bar "La -Tortuga
Morada", en el que tocaba Ricardo Palma, entre otros artistas nacionales.
Mirandita asegura que nadie nunca presintió que Managua iba a ser sacudida
y resquebrajada por el sismo. "El ingeniero Carlos Santos Berroterán
pronosticó el fenómeno, y causó polémicas, pero él dijo que iba a haber un
terremoto, lo que pasa es que nadie hizo caso a sus palabras que fueron
como una profecía", afirma.
CALOR Y UN PEQUEÑO PRESENTIMIENTO
La maestra de generaciones Ofelia Morales en aquel entonces vivía en una
pequeña, pero cómoda casa de la luneta del cine Tropical media cuadra
arriba y recuerda que 24 horas antes del sismo que destruyó Managua, ella
anduvo en la parte de lo que era el centro de la vieja capital.
"Andaba comprando al niño Dios y todos los adornitos de mi nacimiento, que
es el que todavía conservo. Fui a comprar a una de las tiendas, la de José
Benito Ramírez, porque a mi me ha gustado siempre poner el nacimiento el
mismo 24 de diciembre y me fui por la avenida Roosevelt comprando las
cosas y viendo todo aquel ambiente alegre de la navidad", relata la
bondadosa ancianita.
"Era tanta la gente que circulaba por ese lugar- recuerda "la niña" Ofelita- que
se aglomeraban por cantidades en las tiendas de la avenida Bolívar y sus
alrededores.
"Había papelillos, luces intermitentes, Santa Claus por todos lados, música,
villancicos y sonrisas. Recuerdo mucha gente riéndose, pero a la vez afanada,
con un tanto de sofocación. Era algo así como que la gente pensaba que lo
que querían comprar se iba a acabar o que no iban a tener más tiempo para
realizar sus compras. Días después comprendí que todo aquello no era más
que un pequeño presentimiento de lo que sucedería", dice doña Ofelita.
"Además -agrega- había un calor insoportable, mucho, pero mucho calor.
Podíamos presentir algún temblor, porque estaba realmente muy caliente el
clima, pero nunca un terremoto".
MI HIJA, MI MAYOR DOLOR
Lo que el veterano periodista Manuel Eugarrios recuerda con más dolor de
aquel fatídico 23 de diciembre, fue el haber perdido a su hija mayor, Lissethe,
que en ese entonces tenía 9 años. En su experiencia se puede resumir lo que
fue tragedia para miles y miles de managuas que perdieron a sus seres
queridos.
Lissethe fue el retoño de una relación extramatrimonial y ese año era la
primera vez en los 9 años de vida de su pequeña, que ella disfrutaría junto a
su padre la Nochebuena, debido a que la madre de la niña siempre se negó a
que Eugarrios la criara. "La madre de la niña cedió, me la dio, la tuve algunos
meses y ya ves, ocurrió el terremoto y se la llevó", relata don Manuel.
"Me sentía gozoso, -añade- no hallaba que hacer con mi hija y estaba
complacidísimo y en espera de la Navidad, pero desgraciadamente no pudo
ser así".
Eugarrios tenía 38 años en ese entonces y reporteaba para el diario La
Prensa de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Recuerda que toda la
febrilidad de la
Navidad bullía en las cercanías del Gran Hotel, el viejo Malecón,
la Roosevelt y la Bolívar. "Todo estaba ahí".
"Todo eso desde mediados de diciembre era una sola fiesta. Festones,
ornamentos, y símbolos navideños, la música usual copiada de otras
subculturas, villancicos latinoamericanos, y Managua entera estaba de fiesta.
Eso era la vieja Managua aquella noche", relata.
Es por eso -afirma don Manuel- que a nadie, a ningún habitante de la capital,
se le pasó siquiera por la mente jamás, que iba a registrarse un sacudión de
tierra de esta naturaleza.
Es más -continúa- si alguien nos hubiera dicho que se iba a producir algo
parecido, le hubiéramos dicho a quien nos dijera que estaba loco.
Don Manuel recuerda que a eso de las 10 de la noche se dieron algunos
temblores, que realmente ya eran una advertencia, pero en una ciudad sísmica
como Managua, "esos movimientos ya eran naturales. Además que nadie se
imaginó que el apocalipsis iba a llegar. Jamás, y todo el mundo siguió
tranquilo".
Eugarrios, el día de la catástrofe, trabajó normalmente en La Prensa. "Aunque
llegué un poco golpeado por una de las tantas fiestecitas a las que solía ir,
cuando terminamos los dos cierres del periódico de Managua y los
departamentos, me fui al hotel Reisel que quedaba en el centro de toda la
extensión de la calle 15 de septiembre, a lanzarme unas cervecitas bien
heladísimas".
"Regresé al periódico y salí como a las 4:30 de la tarde, me fui al Balmoral, y
estuve ahí hasta como a las 7 de la noche. Luego me traslade a las fiestas del
Malecón.
A diferencia de estos tiempos en que existe tanta delincuencia, en ese
entonces uno podía caminar tranquilo por las calles. Estuve después en la
carne asada del Gran Hotel y después me fui a mi casa. Me acosté y después
me levanté con la tragedia más grande que nadie imaginó, provocada por el
sismo de las 12:30".
UN GRITO LE REVELO ESPANTOSA REALIDAD
"Estaba profundamente dormido cuando empezó a caerme polvo de las tejas
que bailaban. Soñé que era una llovizna, y me abracé friolento a mi
compañera, quien, dándose cuenta de lo que estaba pasando, pugnaba por
librarse de mi abrazo para saltar a la calle.
Sus gritos de ¡Terremoto, terremoto! me revelaron la espantosa realidad, y lo
primero que vieron mis ojos desmesurados, antes de saltar también de la
cama, fueron los grandes boquetes que bailaban en el techo", narra el
profesor Ernesto Aburto, al recordar lo que hacía antes del sacudión que
mató a la capital.
La segunda imagen que recuerdo -cuenta Aburto- fue la de mi propio cuerpo
en calzoncillos, tratando de guardar equilibrio en la acera del jardín de nuestra
casa en la colonia Nicarao.
Además recuerda que sobre el murito divisorio con la vivienda contigua, que
estaba caído, su mujer intentaba quitarle el bebé a la vecina, para que ésta
fuera corriendo por su otro niño que todavía estaba adentro de la casa. Pero
las dos mujeres también bailaban al ritmo de la tierra, y el traspaso del bebé
de unas manos a otras resultaba difícil. Al final, su esposa tuvo que recoger al
tierno del suelo, mientras la otra madre corría al interior de su casa.
"Entonces disminuyó la tembladera, y pude percatarme que mi padre aún no
salía. Lo llamé con angustia, y el viejo, que entonces frisaba los 54 años, me
gritó que esperara, porque todavía no hallaba sus pantalones. Con una mezcla
de ira y terror le dejé caer un insulto que nunca habría de cobrarme. Hasta
que segundos después apareció por el umbral de la puerta socándose la faja.
En los minutos que siguieron entre el primer terremoto y el siguiente, pero
hasta buen rato después, mi mujer descubrió que se había cortado las plantas
de los pies con los vidrios esparcidos de lo que fue lámpara de la sala, y
sangraba...pero toda la ciudad estaba sangrando en ese momento", indica
Aburto.
Hoy, al igual que hace 28 años, el cruel calendario coincide con los días en
que sucedió la tragedia. Muchos managuas se durmieron el viernes 22 de
diciembre de 1972, para nunca más despertar. Muchos vivieron para contar
la triste experiencia de abrir los ojos minutos después de la media noche y
llorar a sus seres queridos, y a su entrañable Managua, la que nunca volverá.
Los sobrevivientes de la catástrofe
* Después de 27 años, ya en Managua quedan muy pocos "escombros", testigos de aquella gran sacudida del 23 de diciembre
ANUAR HASSAN /La Prensa
Muy pocos edificios que resistieron la formidable embestida del 23 de diciembre de 1972 quedan en pie para servir de referencia de la vieja Managua. De las aproximadamente ochenta mil construcciones con que contaba Managua en diciembre de 1972, por los menos las tres cuartas partes, unas 60 mil sucumbieron al brutal embate de la naturaleza.
Antigua Lotería Nacional,
Uno de ellos es el de la Lotería Nacional, ubicado en los alrededores del que fue Teatro Margot, hoy sede de una iglesia Pentecostés. En el edificio de la Lotería es todavía visible la pizarra, que era una pared de la casa donde se iban anotando, con una barra de tiza, los premios de importancia a medida que iban saliendo. El sorteo era animado por música de chicheros, sobre todo cuando los premios eran especiales. Todavía pocos años antes del terremoto recorría las principales calles de Managua un extraño cortejo que no dejaba de causar cierto temor entre las almas infantiles. Se trataba de un señor extremadamente gordo acompañado por otro de menor volumen, tocados con sombrero de copa, a los que hacía compañía un enano de cabeza cuadrada provisto de un tambor que batía furiosamente. Detrás del extraño grupo marchaba un carro parlante que instaba a la gente a comprar lotería y ganarse los premios, "el gordo y el gordito", representados por la obesa pareja. Desde luego que la gordura no era natural sino que debajo del saco, que vestían los dos trabajadores escogidos para hacer esa tarea, habían colocado relleno para darles aquel robusto aspecto.
Consulado de El Líbano
El que albergaba el Consulado de El Líbano, en el que vivía la familia Zogaib, libanesa de origen, sigue
todavía en pie y es visible detrás del Faro de la Libertad, al sur del antiguo Cine González. Se trataba de una sólida construcción de tres plantas, de concreto, enclavada a media cuadra al oriente del edificio de Carlos Cardenal, que también sobrevivió a la catástrofe.
La tienda de Cardenal
La tienda de Cardenal fue el primer edificio dotado de escaleras eléctricas, como las que ahora llaman la atención de las nuevas generaciones de capitalinos en Metrocentro y Plaza Inter. Cardenal, un comerciante con visión de futuro, mandó instalar esa escalera hacia mediados de los años 60. Para estos días, la tienda de Cardenal, de tres plantas, era un hervidero de compradores que saturaban el enorme edificio.
Hotel Balmoral
El suntuoso Hotel Balmoral, de siete pisos, en la Avenida Bolívar, en cuya azotea funcionaba un bar restaurante cuyo indiscutible atractivo era la piscina donde los clientes podían tomar un baño de noche y el menos ostentoso Hotel Reisel, recién abierto sobre la Calle 15 de Septiembre, fueron tumba de decenas de turistas y trabajadores de ambos centros.
Tienda Alicia,
En la esquina hacia occidente se levantaba la Tienda Alicia, una moderna estructura de cuatro plantas propiedad de los comerciantes Frank y Alicia Gutiérrez. Los Gutiérrez se habían especializado en la venta de juguetes y artículos femeninos.
Hotel Reisel
Al igual que el Hotel Reisel, desapareció en cuestión de segundos.
Palacio de Justicia
Varios grandes edificios, como el Palacio de Justicia que elevaba su elegante estructura en el sitio que hoy ocupa el Instituto de Medicina Legal y otros que bordean la calle que pasa frente a la llamada Explanada de Tiscapa, al occidente del Hotel Intercontinental (otro sobreviviente) sufrieron graves daños estructurales que obligaron a las autoridades a declararlos inhabitables.
Seguro Social
La elegante mole de cristal del Seguro Social que usted ve junto a la Calle Colón salió también casi indemne aquella siniestra noche. Durante muchos años mostró las tristes oquedades dejadas por los ventanales rotos hasta que hace unos tres o cuatro años fue rehabilitado.
El edificio Pereira¨.
Este edificio, uno de los primeros ¨rascacielos¨ de la Managua de los 50, estaba situado sobre la Avenida Centenario, que por el sur comenzaba en la Iglesia del Perpetuo Socorro y por el norte concluía en la Catedral. A todo lo largo de sus escasos tres kilómetros de longitud había tiendas y oficinas de todo tipo. El edificio Pereira acogía un negocio de importaciones en su planta baja y las dos restantes servían de residencia de la familia Pereira (los constructores Néstor y Armando Pereira eran hijos del dueño del edificio). En un pequeño local de la planta baja funcionaba la cerrajería de Mister Kupper, un inglés o norteamericano que ofrecía su experiencia en abrir cerraduras de todo tipo, incluyendo cajas de hierro.
Colegios de La Inmaculada
El Colegio de señoritas La Inmaculada, situado en la intersección de la Calle 15 de Septiembre y la Avenida Roosevelt .
Colegio de la Divina Pastora
El Colegio de la Divina Pastora, al extremo occidental de la 15 de Septiembre.
Colegio La Asuncion
El exclusivo de La Asunción, ubicado frente a las costas del lago.
Instituto Pedagógico
Las recién construidas instalaciones del Instituto Pedagógico de varones con su imponente capilla, en la que hoy funciona el Centro de Convenciones Olof Palme, sobrevive a la devastación.
Colegio Calasanz,
El Colegio Calasanz,en el Barrio San Sebastián, que se derrumba sepultando bajo sus escombros a su director, el Padre Bruno Martínez, quien murió días después en el Hospital de León.
Hospital El Retiro,
El Hospital El Retiro era uno de los más modernos y grandes de Centroamérica, construido en 1968,
se vivieron escenas de hondo dramatismo y gran heroicidad. Al quedar la ciudad sin energía eléctrica, los médicos de turno utilizaban los faros de los automóviles para prestar los primeros auxilios a la con cada minuto creciente masa de lesionados que llegaba desde todos los rumbos de la ciudad destruida. A esos médicos se sumaron otros que abandonaron a sus familias para acudir al llamado del deber. Muchas vidas quedaron en los quirófanos sin energía, mientras otras se perdieron debido a la desesperación que se apoderó de pacientes que recuperaban después de delicadas operaciones y que se lanzaron escaleras abajo o por las ventanas hacia la muerte.
La Farmacia Managua,
las tiendas de La Centroamericana
El Restaurante Asia,
El laboratorio del Dr. Bengoechea
El complejo de edificios Venezuela, ubicados frente adonde funciona actualmente el Ministerio de Gobernación.
23 de Diciembre de 2001 | El Nuevo Diario
De antaño y después del Terremoto
—Jairo Meléndez Bermudez—
Quién no recuerda o al menos pregunta en esta fecha por la
tragedia del terremoto del 72, o la Managua antes de esta fecha, la
ciudad alegre, con su traje de luces, dentro de la algarabía de las
canciones alusivas a la fecha, era diciembre entonces, los aires
navideños invitaban al regocijo y alegría en víspera de la
Nochebuena.
Las calles de Managua del aquel entonces, desbordadas de
gentes que recorrían de un lugar a otro en busca de los regalos
navideños, esparcimiento o simplemente se deleitaban frente a los
escaparates de los grandes almacenes en la famosa y colorida
Avenida Roosevelt.
El 22 de Diciembre era la víspera de Navidad, los pobladores de
Managua, al igual que la del resto del país, se anticipaban a
regocijarse de alegría, los hogares y negocios adornados con los
tradicionales arbolitos navideños repletos de adornos, bombillos de
colores, villancicos y la música que ponían la nota de alegría a
estas festividades.
Las decoraciones y los nacimientos del niño Dios en sus
imponentes Iglesias con olor y arquitectura barroca deleitaban a los
feligreses en estas fiestas religiosas todas aquellas de las que hoy
solo queda el recuerdo de sus ruinas como: La Catedral, San
Sebastián, Perpetuo Socorro, Cristo Rosario, San José, San
Antonio, La Primera sala Evangélica.
A cuántos de nuestros viejos les da nostalgia recordar los Centros
de diversiones, sus Night Club o centros nocturnos como: La Cave,
Versalles, en la entrada a las Piedrecitas, El Plaza, en el Parque
Central, La Guaca, Tortuga Morada, Club Internacional, Club
Managua, donde queda actualmente la presidencia, El Ron Ron.
Los Cines como: Principal, Rosario, Alameda, Tropical, el cine
Managua, Fénix, Luciérnaga, Darío, Trébol, Bóer, Luz, María, entre
otros. Los Restaurantes, Parques, Centros Comerciales,
Almacenes como: La Nomar, Vestex, Alicia, Almacenes Tabag,
Jorge del Carmen, Carlos Cardenal, Kodak, Ismael Reyes; sus
populares mercados, Bóer, San Miguel, Central y Oriental, Los
famosos Bares: Gambrunis, Zalsibar, Jardín Central, Salón Rigo,
La Vieja Maldita o bar Ya Ya, La Cumbancha, la cara de Fosforo,
Luz y Sombra, los Balcanes, la Tostadita, Chagüitillo, las
Marisquerías, las famosas sopas del mercado central, la
Mondonguería Fénix, etc.
Todo transcurría normalmente, la población capitalina esperaba
una Navidad llena de alegría, no un desvastador terremoto que
terminó con la belleza y magia de la novia del Xolotlán aquel 23 de
diciembre de 1972. La tragedia llegó para todos y la ciudad truncó
su alegría y se convirtió en desesperación, dolor, tristeza, luto y
sufrimiento, aquel terrible sismo cambiaría la historia de todos los
capitalinos.
ESTUDIO CIENTIFICO REALIZADO
Según el resumen de un estudio llamado: “Geoligic and
Seismologic Aspects of the Managua, Nicaragua Earthquakes del
23 de Diciembre 1972-Geological Survey Profesional Paper 838”,
publicado por el Departamento del Interior de los Estados Unidos
con amplias referencias Científicas y realizado por los geólogos
R.D. Brown J; P.L. Ward y George Palfker, mostraban que en la
geología superficial de Managua existen cuatro fallas deslizantes
subparalelas, espaciadas de 240 a 1,150 metros, las cuales se
deslizaron durante el terremoto en un sentido sinistral (lateral
izquierdo), y el otro dextral (lateral derecho, lo mismo que en la
forma vertical, las fallas alcanzan longitudes: La falla “A” 1.6
Kilómetros, la Falla “B” 5.1 Km, la falla “C” 5.9 km y la falla “D” 2.7
Km, y una de ellas (la que pasa por la loma de Chico Pelón) se
extiende por lo menos 6 Kms, hacia el noreste de la ciudad, bajo el
lago de Managua.
Los deslizamientos horizontales, es decir las grietas de las fallas,
varían desde 2 hasta 38 centímetros. Además de las cuatro fallas
anteriores, perfectamente bien localizadas y que se movieron
durante el terremoto del 23 de Diciembre, existía una más, la falla
“E” que se produjo en el terremoto 1931 y que esta vez no funcionó.
De acuerdo a este estudio los llamaron los terremotos de 23 de
Diciembre del 72, porque hubo tres terremotos y no uno, el primer
sismo se produjo a las 12:30, con la magnitud de 5.6 en la escala
de Richter y de 6.2 de magnitud en la onda superficial. El segundo
a la 1:18 a.m fue de 5 grados en la escala Richter y el tercero a las
1:20 a.m fue de 5.2; lo suficientemente fuertes para causar daños
adicionales al primer sismo, aunque en la escala de Richter no
tienen una magnitud muy elevada, causaron tanto daño porque
ocurrieron a muy poca profundidad, casi bajo el piso de la ciudad.
Los peores daños se produjeron donde se encuentran las fallas “B”
y “C” que están localizadas entre La Loma Chico Pelón, la Quinta
Nina pasando por la Laguna de Tiscapa hasta donde fue el Country
Club.
LOS RIESGOS SISMICOS DE MANAGUA
De acuerdo a los estudios geológicos realizados en Nicaragua han
ocurrido terremotos destructores en: 1563, 1844, 1849, 1858,
1862, 1881,1885, 1928 y 1931. De todos ellos se sabe que los de
1844, 1858 y 1881 causaron daños en la región de Managua, así
como los de 1898, 1913, 1918, 1928 y 1931. Este último, el del 31
de Marzo de 1931, fue muy similar al de 1972 en mucho aspectos y
fue de una magnitud de entre 5.3 y 5.9 en la escala de Richter,
causando agrietamiento en el terreno.
Los estudios dicen, luego de señalar los datos de la historia
sísmica de Managua, que demuestran cuán comunes son los
terremotos en el área de esta ciudad. Los datos y las relaciones
tectónicas regionales demuestran que en el área de Managua
volverá a ocurrir un terremoto similar al del 23 de Diciembre de
1972, ya que éstos se producen en esta zona cada 50 años.
23 de Diciembre de 2001 | El Nuevo Diario
A 29 años del Terremoto de 1972 La muerte pasó...
—Armando Ñurinda Ramírez—
... Y la tierra se estremeció. Casi todos los vecinos de Managua
dormían aquella noche trágica. Pocos capitalinos nocturneaban, no
había muchos centros. Avenidas y calles lucían vacías, tenían
iluminación comercial y decoraciones navideñas, principalmente en
la Bolívar, Roosevelt, Calle 15 de Septiembre, El Triunfo,
Candelaria, Momotombo, la Plaza y otras vías; millares de
golondrinas estaban apretujadas en árboles del parque y aledaños,
edificios, alambrados y de otras zonas. Managua vivía, se
aproximaba la alegría navideña.
El 22 de Diciembre 1972 para el pueblo capitalino transcurrió
como otros, sólo que el calor sofocaba, más que en otras épocas,
la temperatura era anormal, las hojas de los árboles no se movían y
la brisa del aire casi no se sentía. Durante el día y parte de la
noche, en la mayoría de hogares, la gente estuvo sentada en
puertas de sus casas, refrescándose, esperando que bajara la
presión nocturna. El cielo de azul gris lucía estrellado. Antes de las
diez de la noche se sintieron varios temblores de magnitudes
diferentes, pero los sismos atemorizaron a la población sólo
momentáneamente, ya que tenían costumbres de sentir
movimientos de tierra frecuentes.
Aquella noche, pese al cansancio y los temblores, la gente se
durmió, inocentes que el fantasma telúrico acechaba; la naturaleza
empezó su conteo fatal y en el minuto 29 y segundos, en que los
relojes de Telcor, Catedral, Ferretería Lang, se detuvieron,
iniciando el día 23 de Diciembre, se movió y trepidó con fuerza
descomunal, la corteza fracturada una... otra vez ... decenas de
estremecimientos, formando ondas, sobrevino el golpe y la muerte.
Casa de todo tamaño y edad se derrumbaron; edificios de
concreto, aluminio y vidrio yacían semitumbados y la mayoría
destruidos. Los tendidos eléctricos y de teléfonos fueron tumbados.
Se escuchó un zumbido descomunal y el impacto de viviendas. Se
escuchaban gritos de gente agonizante, decenas corrían
desesperados, clamando al único Dios, rogando auxilio a los
sobrevivientes. Enormes nubarrones de polvo y humo nublaban,
sofocaban a los que nos agrupábamos; decenas perecieron
asfixiados. Las llamas afectaron varias zonas siniestradas,
completando el cuadro desolador del terremoto.
Muchas personas corrían, desesperadas y sin orientación
aparente. Se notó desborde de manifestaciones tiernas, mimos y
caricias a los cadáveres, actitudes humildes. En la desesperación
se escuchaban promesas, ofertas a los dioses, sin percatarse
muchas personas corrían desnudas, solicitaban ayuda, quizá la
madre estaba bajo escombros. Los seres vivos pocas veces
derramaron tantas lágrimas, liberando energías por el dolor físico y
sentimientos morales.
Personas solas, en grupos, luchaban para remover trozos de casa
que habían aplastado a familiares. Escuchamos gritos
desesperados de atrapados por escombros, clamando socorro,
ayuda que en la mayoría de situaciones nadie atendió, escuchamos
pero teníamos situaciones desesperantes, pocos no podíamos
ayudar a muchos. Centenares de cadáveres acomodados en
aceras, la mayoría abandonados por sus familiares, o se trataba de
familias que perecieron y fueron a las fosas comunes, o cremados
en Parque Candelaria, Explanada de Tiscapa y otros sitios.
Los perros aullaron. Grupos sobrevivientes, hincados en las calles,
se miraban alambres y postes semitendidos. Nubes de polvo rojizo
oscuro, el fuego danzando infernalmente, siluetas anónimas que
cruzaban. Paredes desplomadas, la gente con sus miradas y
manos hacia lo alto, ojos manando lágrimas, gemían, gritaban,
llorando y exclamando: «!Santo Dios!», «!Santo Eterno!». Ten
piedad de nosotros. Santo Inmortal!» Si el Dios podía atender
aquellas súplicas, no se le hace favor atribuirle poder causar
terremotos.
Los que caminaban en varias direcciones, no huían, buscaban
ayuda, agua, médicos, transporte y volvían a sus ruinas, con sus
muertos. En grupos se formaron filas hacia el Puente el Edén,
Carretera Norte, Estatua de José Dolores Estrada, Metrocentro;
otros empezaron abandonando el centro de la ciudad, sus hogares
y varias columnas de sobrevivientes transitaron las carreteras.
Como los managuas de hacía unos 50/30 mil años de Acahualinca;
los capitalinos de 1972 emigraban, se alejaban de la muerte.
Querían continuar viviendo.
Y así aquella ciudad que había sobrevivido 41 años, después de
otro terremoto, quedó en ruinas. Millares de muertos, hedor, sed,
hambre, desolación y el éxodo de sobrevivientes de la zona
siniestrada. También de los barrios y departamentos vino la gente,
argumentaron llegaban a ayudar, pero la mayoría se dedicó al
saqueo, como la guardia nacional de Somoza. Mientras decenas,
miles, llorábamos y sufríamos nuestra desgracia porque había
pasado la muerte.
19/12/2001
23 DE DICIEMBRE DEL 2001 / La Prensa
Cuando Managua se estremeció 29 años después, los sobrevivientes aún esperan la Navidade con cierto recelo y temor
Socorristas de la Cruz Roja rescatan los cadáveres de
varias de las 10,000 víctimas mortales del terremoto
del 23 de diciembre de 1972.
Benjamín Blanco
benjamin.blanco@laprensa.com.ni
La mayoría de sobrevivientes del terremoto ocurrido en víspera de Nochebuena en
diciembre de 1972, difícilmente podrán olvidar aquella intensa Luna llena que, de
alguna manera, brindó los primeros auxilios a los capitalinos sepultados entre
escombros, tras una sacudida telúrica de 7.2 grados en la escala de Richter.
“Algo que no se me olvida, y yo creo que muy pocos podrán olvidar era la Luna de
esa madrugada. Era Luna llena. Y al no haber luz eléctrica la Luna se destacaba
porque la iluminación que daba era enorme, y eso ayudó a ver a la gente en medio
de la oscuridad”, relató el señor José Porras de 58 años.
Durante un recorrido realizado por distintos barrios capitalinos, varios ciudadanos
relataron a LA PRENSA sus recuerdos de aquella Navidad inolvidable que dejó un
saldo de aproximadamente 10,000 muertos.
“Al menos nosotros los viejos, cada vez que se acerca la Navidad, pensamos en ese
terremoto, es algo que vamos a seguir recordando por siempre”, expresó don Julio
Cardoze, de 73 años, quien habita en el Barrio San Sebastián.
COMO ESTAMPIDA DE GANADO QUE CORRÍA
Don José Porras narró que “cada vez que se dejaban venir los temblores, se oía un
sonido como que venía un tropel de ganado de la parte sur de Managua hacia el
norte. Se oía ese estruendo como ganado corriendo. Y el miedo que se siente es
terrible, la gente temblaba de miedo”, recordó.
Después de la sacudida más fuerte, a las 12 y media de la noche del 23 de diciembre,
el señor Porras dice que en medio de la oscuridad de su casa buscó su pantalón y
corrió hacia las casas de sus hijos a pocas cuadras de la suya en la Colonia 14 de
Septiembre.
“Cuando iba corriendo en la calle, pude observar que en la parte baja de Managua
había una iluminación enorme en el cielo, que después me di cuenta que era el
incendio de los mercados Central y San Miguel, en eso vino otro temblor, porque
eran muy seguidos, y hasta tenía que pararme con los pies abiertos para poder
mantener el equilibrio, pues el jamaqueo era tremendo”, aseguró.
Cuando ya iba llegando a la casa de sus hijos, don José dice que se llevó tremendo
susto al ver que una raya negra se venía abriendo en la tierra, como una zanja, que
se detuvo a un metro de él. “Luego me di cuenta que debajo de esa zanja pasaba una
tubería vieja”, agregó.
“Al llegar donde mis hijos, descubrí que a uno de ellos le había caído un bloque y le
había fracturado la clavícula”, señaló.
MILES DE HERIDOS
Por su parte, el señor Róger Hidalgo recordó que a las cuatro de la madrugada de
ese fatídico día, pasó cerca del Cementerio Oriental, y asegura que a esa hora vio
que algunas personas ya se dirigían con ataúdes hacia el cementerio a enterrar a sus
muertos.
“En todas las calles se podía ver a hombres o mujeres corriendo en ropa interior o
con pantalones al revés, gente gritando como loca, llamando a algún familiar, a
algún pariente.
Ya como a las cinco de la mañana había algunas tiendas de campaña de la Cruz Roja,
pero eran tendaladas de gente vendadas, con sangre en la cabeza, señoras, señores,
niños, jóvenes”, contó Hidalgo.
OTROS TESTIMONIOS
María Ampié Jarquín: “Vivíamos cerca de la Estación, cerca de la playa. Estábamos
acostándonos. Sentimos un temblorcito como a las 10 de la noche, pero fue
pasajero. Después fue que ya siguió aquello.
Se fue la luz y el agua. A una vecina amiga mía la mató una pared ese mismo día. En
cada calle había muertos. Yo tenía listas unas gallinitas y el arrocito para la cena
navideña”.
Víctor López Navarrete: “Yo vivía en el Barrio San Luis Sur, ya estaba acostado. Mi
casa era como un galerón de madera y todas las tejas se vinieron al suelo y
quedamos sin techo, pero nadie murió de mi casa. Pero hubo vecinos a los que se les
cayó la casa, la mayor parte de las que se cayeron eran de adobe. La gente durmió
debajo de los palos. Las casas más seguras eran las de madera. La gente no construía
bien y todavía siguen construyendo mal”.
PRESAGIOS INOLVIDABLES
Además de la intensa Luna llena, la víspera del terremoto hubo otros detalles de esa
noche que los supervivientes capitalinos no olvidan: el calor sofocante que se sintió
antes de los temblores, el ladrar y aullar de los perros, y el inquietante cacarear de
las gallinas, que aún se mantienen como presagios
23 de Diciembre de 2001 | 29 años del terremoto Terror latente y fantasmas en los escombros
—OCTAVIO ENRIQUEZ—
Estaba recién celebrado el triunfo glorioso de Nicaragua contra Cuba en el mundial del 72. El brazo de Julio Juárez no se había "enfriado" después de aquel maravilloso 2-0 y ocurrió lo imprevisto.... 20 días después, el capítulo de aquella Navidad cerró con olor a tragedia: un terremoto y 10 mil muertos contradijo todo y hoy, 29 años después, todavía el fantasma del terror vivido sacude a los habitantes de los escombros.
Para ser sinceros, a muchos de ellos, aquellas escenas dantescas
les revuelve la vida, si es que "revolver" no queda minúsculo a la
par del sentimiento de miedo que embarga a quienes habitan las
ruinas que un día se erigieron como los edificios que tanto color y
vida le dieron a la Managua del 72, y probablemente más que eso:
identidad como ciudad.
"Si ocurre un terremoto, ojalá que no, no estamos seguros. Si
vieras como tiembla aquí. Sentimos como que este edificio se nos
viene abajo", lamenta Natalia González, de 64 años, quien vive
desde hace 20 años en lo que fue la Farmacia Managua, un
edificio construido en 1938 y que hoy, si acaso no lo conoce, se
haya muy cerca del recién inaugurado edificio de la Cancillería.
Managua, al menos desde 1900, ha sufrido dos terremotos
devastadores. Uno que ocurrió el 31 de marzo de 1931, el que
produjo dos mil muertos. En diciembre de 1972, el fenómeno se
volvió a repetir, pero esta vez la cifra de muertos fue varias veces
mayor, desde entonces la probabilidad de un tercer movimiento
telúrico no ha desaparecido, y de nuevo las diferencias entre
sismólogos respetados ha vuelto a traer el tema a colación.
DOÑA NATALIA Y 20 FAMILIAS MAS
En el edificio donde habita doña Natalia, ella convive con 20
familias más, entre una gran "cipotada", quienes comparten lo que
puede llamarse como incertidumbre de poder perecer en un fuerte
movimiento telúrico. Unido a eso, cargan en sus hombros con la
pobreza: muchos niños que rodean a doña Natalia ni siquiera
conocen lo que es un par de zapatos.
Uno de quienes vive con doña Natalia es César Chavarría, de 30
años, quien considera que aunque saben que su situación es difícil,
están obligados a estar ahí por la necesidad de vivienda. Un déficit
que a nivel nacional es calculado en 500 mil.
Chavarría es originario de Teustepe, Boaco. "El gobierno nunca ha
venido aquí. No hay ayuda para nosotros", dice indignado. El joven
que cuenta que muchas de las cosas que tenía el edificio de la
Farmacia Managua fueron arrasadas por la delincuencia.
"¡DIOS QUIERA QUE NO HAYA OTRO TERREMOTO!"
"Todo era humo por esos días... Managua era linda en sus
mercados cuando tuvo el salón Hada, El Campeón, La Ramos, el
Lagarto, la Farmacia Managua, Los Chinos, la Avenida Roosvelt.
Pero ese día había incendios por todos lados, muertos, alambres
reventados. Ojalá no haya otra tragedia", ruega Socorro Rivas
Aguirre.
La misma doña Socorro que relata que el 23 de diciembre de hace
29 años, estaba criando y cargando a su hijo se salió de su casita
para evitar que ambos perecieran al ver que todo se venía abajo.
Agrega que para ese diciembre de aquellos años, había lujos por
todos lados. Que los mosaicos, que las luces de la Roosvelt, que
...y los recuerdos que no dejan de fluir de la mente de doña
Socorro.
Hoy ella vive en los escombros, cerca de la gloria de la Managua
de antes con su parques como El San Antonio, el único ruego que
hace es: "Dios ojalá no ocurra algo así", un hecho tan triste que aún
hoy rasga la memoria de esta ciudad
22 de Diciembre de 2000 | El Nuevo Diario
Un viernes como hoy hace 28 años la vieja Managua vivía sus últimas horas
Agonía inadvertida
* En 30 segundos todo quedó en el suelo. El segundo sismo remató a las
viejas estructuras
* Manuel Eugarrios no sospechaba que vivía sus últimas horas con su
hija primogénita que murió soterrada
* A "Mirandita" el sacudión lo sorprendió en una de tantas fiestas de
agencias publicitarias
* Doña Ofelita Morales anduvo comprando su Niño Dios por última vez
en aquellos lugares que morirían
* Un grito lo despertó a la gran tragedia: la llovizna del suelo era el
polvo de las tejas que bailaban
* Managua era música y luces antes de morir: nadie imaginó lo que
estaba por llegar en medio de la alegría
—LUIS GALEANO—
Managua, hasta antes de la medianoche de esa fecha, lucía fulgurante y
jubilosa. El verde y el rojo de la pascua navideña adornaban a la novia del
Xolotlán, que por todos sus rincones mostraba los arbolitos radiantes de
luces.
Las calles y las avenidas Roosevelt y Bolívar eran los puntos de encuentro de
los capitalinos que, alegres, compraban en las tiendas los últimos "preparos"
de la cena navideña y los regalos, juguetes y estrenos de Nochebuena. Esta
zona prácticamente era en la que se desarrollaba la actividad más febril del
comercio capitalino.
Los mercados Central y San Miguel, según cuentan sobrevivientes de la
catástrofe, lucían igual de día y de noche, pues los managuas los abarrotaban
en busca de los últimos detalles de la celebración de aquel 24 de diciembre
que para los vivos y los muertos nunca llegó.
El corazón de la vieja Managua en ese entonces se dividía en dos grandes
ejes, cuyos brazos se extendían de norte a sur desde la Loma de Tiscapa,
hasta donde es hoy la Plaza de la República, y por el otro lado, desde el
antiguo aeropuerto Xolotlán -donde hoy es Catastro- sobre la Calle 15 de
Septiembre, hasta lo que hoy conocemos como el Cementerio Occidental o
Cementerio de abajo.
"En Managua esa noche se vivía una alegría impresionante, yo anduve
haciendo un recorrido en varias agencias de publicidad, ubicadas en diferentes
sitios de la capital. Era una fiesta total aquella Avenida Bolívar y la Roosevelt
que se cerraba para los vehículos y se volvía peatonal, porque ahí estaba todo
lo que necesitabas, desde ropa hasta tragos para celebrar", cuenta Oscar
Miranda, mejor conocido como "Mirandita" actual gerente de ventas de Canal
2 de Televisión. UN PRE-AVISO QUE NADIE ATENDIO
Mirandita, quien tenía en ese entonces 28 años y ya andaba en la onda de la
publicidad, recuerda que ese día se fue por la vieja Managua a entrevistar a
varios anunciantes y dueños de agencias de publicidad que trabajaban con el
Canal 2 que en ese entonces salía al aire en blanco y negro.
"Fue un recorrido largo, pero igual daba. Las calles estaban llenas de alegría y
algarabía, llenas de parroquianos. Volví al canal a eso de las 10 de la noche a
cambiar cinta. Estaba empezando Extravisión y Manuel Espinoza estaba al
aire cuando se sintió el primer temblor. Aún recuerdo la cara de susto de
Manuel en la pantalla que decía 'está temblando en Managua' Ese fue un
pre-aviso que nadie atendió".
Salió del canal y se trasladó hasta el edificio donde quedaba la agencia
Cuadra-Chamberlain, ubicado frente al edificio de Casa Pellas, por ahí donde
se ubicaba el Banco Nicaragüense, donde es hoy el Ministerio de Hacienda.
En el tercer piso de ese lugar había una fiesta de publicistas y empleados de
varias casas de publicidad que celebraban la víspera navideña.
"Había marimbas, tragos, baile y todo aquello era alegrísimo. Teníamos la
intención de ir a 'El Plaza' ubicado frente a la vieja catedral de Managua -que
por cierto se hundió y ahí murió mucha gente- pero Jacinto 'el sapo' Ríos dijo
que pagáramos una hora más de Marimba y nos quedamos ahí. Esa hora más
de marimba nos salvó la vida a muchos".
"Minutos después vino el "mecatazo" y nos llenamos de terror. La gente
quería lanzarse desde las alturas, porque las puertas estaban trabadas, pero
logramos salir. Lo demás........(guarda silencio y su vista se pierde en el vacío
y escurca en su mente) lo demás fue tragedia, todo se acabó, es lo que
recuerdo".
En la farándula de aquel entonces -cuenta el gerente de ventas de Canal 2- se
escuchaba la música del grupo chileno "Los Angeles Negros" que de paso se
encontraban en el país, y "Los Galos". Estaba el club bar "La -Tortuga
Morada", en el que tocaba Ricardo Palma, entre otros artistas nacionales.
Mirandita asegura que nadie nunca presintió que Managua iba a ser sacudida
y resquebrajada por el sismo. "El ingeniero Carlos Santos Berroterán
pronosticó el fenómeno, y causó polémicas, pero él dijo que iba a haber un
terremoto, lo que pasa es que nadie hizo caso a sus palabras que fueron como
una profecía", afirma.
CALOR Y UN PEQUEÑO PRESENTIMIENTO
La maestra de generaciones Ofelia Morales en aquel entonces vivía en una
pequeña, pero cómoda casa de la luneta del cine Tropical media cuadra
arriba y recuerda que 24 horas antes del sismo que destruyó Managua, ella
anduvo en la parte de lo que era el centro de la vieja capital.
"Andaba comprando al niño Dios y todos los adornitos de mi nacimiento, que
es el que todavía conservo. Fui a comprar a una de las tiendas, la de José
Benito Ramírez, porque a mi me ha gustado siempre poner el nacimiento el
mismo 24 de diciembre y me fui por la avenida Roosevelt comprando las
cosas y viendo todo aquel ambiente alegre de la navidad", relata la bondadosa
ancianita.
"Era tanta la gente que circulaba por ese lugar- recuerda "la niña" Ofelita- que
se aglomeraban por cantidades en las tiendas de la avenida Bolívar y sus
alrededores.
"Había papelillos, luces intermitentes, Santa Claus por todos lados, música,
villancicos y sonrisas. Recuerdo mucha gente riéndose, pero a la vez afanada,
con un tanto de sofocación. Era algo así como que la gente pensaba que lo
que querían comprar se iba a acabar o que no iban a tener más tiempo para
realizar sus compras. Días después comprendí que todo aquello no era más
que un pequeño presentimiento de lo que sucedería", dice doña Ofelita.
"Además -agrega- había un calor insoportable, mucho, pero mucho calor.
Podíamos presentir algún temblor, porque estaba realmente muy caliente el
clima, pero nunca un terremoto".
MI HIJA, MI MAYOR DOLOR
Lo que el veterano periodista Manuel Eugarrios recuerda con más dolor de
aquel fatídico 23 de diciembre, fue el haber perdido a su hija mayor, Lissethe,
que en ese entonces tenía 9 años. En su experiencia se puede resumir lo que
fue tragedia para miles y miles de managuas que perdieron a sus seres
queridos.
Lissethe fue el retoño de una relación extramatrimonial y ese año era la
primera vez en los 9 años de vida de su pequeña, que ella disfrutaría junto a
su padre la Nochebuena, debido a que la madre de la niña siempre se negó a
que Eugarrios la criara. "La madre de la niña cedió, me la dio, la tuve algunos
meses y ya ves, ocurrió el terremoto y se la llevó", relata don Manuel.
"Me sentía gozoso, -añade- no hallaba que hacer con mi hija y estaba
complacidísimo y en espera de la Navidad, pero desgraciadamente no pudo
ser así".
Eugarrios tenía 38 años en ese entonces y reporteaba para el diario La Prensa
de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Recuerda que toda la febrilidad de la
Navidad bullía en las cercanías del Gran Hotel, el viejo Malecón, la Roosevelt
y la Bolívar. "Todo estaba ahí".
"Todo eso desde mediados de diciembre era una sola fiesta. Festones,
ornamentos, y símbolos navideños, la música usual copiada de otras
subculturas, villancicos latinoamericanos, y Managua entera estaba de fiesta.
Eso era la vieja Managua aquella noche", relata.
Es por eso -afirma don Manuel- que a nadie, a ningún habitante de la capital,
se le pasó siquiera por la mente jamás, que iba a registrarse un sacudión de
tierra de esta naturaleza.
Es más -continúa- si alguien nos hubiera dicho que se iba a producir algo
parecido, le hubiéramos dicho a quien nos dijera que estaba loco.
Don Manuel recuerda que a eso de las 10 de la noche se dieron algunos
temblores, que realmente ya eran una advertencia, pero en una ciudad sísmica
como Managua, "esos movimientos ya eran naturales. Además que nadie se
imaginó que el apocalipsis iba a llegar. Jamás, y todo el mundo siguió
tranquilo".
Eugarrios, el día de la catástrofe, trabajó normalmente en La Prensa. "Aunque
llegué un poco golpeado por una de las tantas fiestecitas a las que solía ir,
cuando terminamos los dos cierres del periódico de Managua y los
departamentos, me fui al hotel Reisel que quedaba en el centro de toda la
extensión de la calle 15 de septiembre, a lanzarme unas cervecitas bien
heladísimas".
"Regresé al periódico y salí como a las 4:30 de la tarde, me fui al Balmoral, y
estuve ahí hasta como a las 7 de la noche. Luego me traslade a las fiestas del
Malecón.
A diferencia de estos tiempos en que existe tanta delincuencia, en ese
entonces uno podía caminar tranquilo por las calles. Estuve después en la
carne asada del Gran Hotel y después me fui a mi casa. Me acosté y después
me levanté con la tragedia más grande que nadie imaginó, provocada por el
sismo de las 12:30".
UN GRITO LE REVELO ESPANTOSA REALIDAD
"Estaba profundamente dormido cuando empezó a caerme polvo de las tejas
que bailaban. Soñé que era una llovizna, y me abracé friolento a mi
compañera, quien, dándose cuenta de lo que estaba pasando, pugnaba por
librarse de mi abrazo para saltar a la calle.
Sus gritos de ¡Terremoto, terremoto! me revelaron la espantosa realidad, y lo
primero que vieron mis ojos desmesurados, antes de saltar también de la
cama, fueron los grandes boquetes que bailaban en el techo", narra el
profesor Ernesto Aburto, al recordar lo que hacía antes del sacudión que
mató a la capital.
La segunda imagen que recuerdo -cuenta Aburto- fue la de mi propio cuerpo
en calzoncillos, tratando de guardar equilibrio en la acera del jardín de nuestra
casa en la colonia Nicarao.
Además recuerda que sobre el murito divisorio con la vivienda contigua, que
estaba caído, su mujer intentaba quitarle el bebé a la vecina, para que ésta
fuera corriendo por su otro niño que todavía estaba adentro de la casa. Pero
las dos mujeres también bailaban al ritmo de la tierra, y el traspaso del bebé
de unas manos a otras resultaba difícil. Al final, su esposa tuvo que recoger al
tierno del suelo, mientras la otra madre corría al interior de su casa.
"Entonces disminuyó la tembladera, y pude percatarme que mi padre aún no
salía. Lo llamé con angustia, y el viejo, que entonces frisaba los 54 años, me
gritó que esperara, porque todavía no hallaba sus pantalones. Con una mezcla
de ira y terror le dejé caer un insulto que nunca habría de cobrarme. Hasta
que segundos después apareció por el umbral de la puerta socándose la faja.
En los minutos que siguieron entre el primer terremoto y el siguiente, pero
hasta buen rato después, mi mujer descubrió que se había cortado las plantas
de los pies con los vidrios esparcidos de lo que fue lámpara de la sala, y
sangraba...pero toda la ciudad estaba sangrando en ese momento", indica
Aburto.
Hoy, al igual que hace 28 años, el cruel calendario coincide con los días en
que sucedió la tragedia. Muchos managuas se durmieron el viernes 22 de
diciembre de 1972, para nunca más despertar. Muchos vivieron para contar
la triste experiencia de abrir los ojos minutos después de la media noche y
llorar a sus seres queridos, y a su entrañable Managua, la que nunca volverá.
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Porque allí florecieron amores... los ratos felices... ensueños y promesas. |
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Los sobrevivientes de la catástrofe
* Después de 27 años, ya en Managua quedan muy pocos "escombros", testigos de aquella gran sacudida del 23 de diciembre
ANUAR HASSAN /La Prensa
Muy pocos edificios que resistieron la formidable embestida del 23 de diciembre de 1972 quedan en pie para servir de referencia de la vieja Managua. De las aproximadamente ochenta mil construcciones con que contaba Managua en diciembre de 1972, por los menos las tres cuartas partes, unas 60 mil sucumbieron al brutal embate de la naturaleza.
Antigua Lotería Nacional,
Uno de ellos es el de la Lotería Nacional, ubicado en los alrededores del que fue Teatro Margot, hoy sede de una iglesia Pentecostés. En el edificio de la Lotería es todavía visible la pizarra, que era una pared de la casa donde se iban anotando, con una barra de tiza, los premios de importancia a medida que iban saliendo. El sorteo era animado por música de chicheros, sobre todo cuando los premios eran especiales. Todavía pocos años antes del terremoto recorría las principales calles de Managua un extraño cortejo que no dejaba de causar cierto temor entre las almas infantiles. Se trataba de un señor extremadamente gordo acompañado por otro de menor volumen, tocados con sombrero de copa, a los que hacía compañía un enano de cabeza cuadrada provisto de un tambor que batía furiosamente. Detrás del extraño grupo marchaba un carro parlante que instaba a la gente a comprar lotería y ganarse los premios, "el gordo y el gordito", representados por la obesa pareja. Desde luego que la gordura no era natural sino que debajo del saco, que vestían los dos trabajadores escogidos para hacer esa tarea, habían colocado relleno para darles aquel robusto aspecto.
Consulado de El Líbano
El que albergaba el Consulado de El Líbano, en el que vivía la familia Zogaib, libanesa de origen, sigue
todavía en pie y es visible detrás del Faro de la Libertad, al sur del antiguo Cine González. Se trataba de una sólida construcción de tres plantas, de concreto, enclavada a media cuadra al oriente del edificio de Carlos Cardenal, que también sobrevivió a la catástrofe.
La tienda de Cardenal
La tienda de Cardenal fue el primer edificio dotado de escaleras eléctricas, como las que ahora llaman la atención de las nuevas generaciones de capitalinos en Metrocentro y Plaza Inter. Cardenal, un comerciante con visión de futuro, mandó instalar esa escalera hacia mediados de los años 60. Para estos días, la tienda de Cardenal, de tres plantas, era un hervidero de compradores que saturaban el enorme edificio.
Hotel Balmoral
El suntuoso Hotel Balmoral, de siete pisos, en la Avenida Bolívar, en cuya azotea funcionaba un bar restaurante cuyo indiscutible atractivo era la piscina donde los clientes podían tomar un baño de noche y el menos ostentoso Hotel Reisel, recién abierto sobre la Calle 15 de Septiembre, fueron tumba de decenas de turistas y trabajadores de ambos centros.
Tienda Alicia,
En la esquina hacia occidente se levantaba la Tienda Alicia, una moderna estructura de cuatro plantas propiedad de los comerciantes Frank y Alicia Gutiérrez. Los Gutiérrez se habían especializado en la venta de juguetes y artículos femeninos.
Hotel Reisel
Al igual que el Hotel Reisel, desapareció en cuestión de segundos.
Palacio de Justicia
Varios grandes edificios, como el Palacio de Justicia que elevaba su elegante estructura en el sitio que hoy ocupa el Instituto de Medicina Legal y otros que bordean la calle que pasa frente a la llamada Explanada de Tiscapa, al occidente del Hotel Intercontinental (otro sobreviviente) sufrieron graves daños estructurales que obligaron a las autoridades a declararlos inhabitables.
Seguro Social
La elegante mole de cristal del Seguro Social que usted ve junto a la Calle Colón salió también casi indemne aquella siniestra noche. Durante muchos años mostró las tristes oquedades dejadas por los ventanales rotos hasta que hace unos tres o cuatro años fue rehabilitado.
El edificio Pereira¨.
Este edificio, uno de los primeros ¨rascacielos¨ de la Managua de los 50, estaba situado sobre la Avenida Centenario, que por el sur comenzaba en la Iglesia del Perpetuo Socorro y por el norte concluía en la Catedral. A todo lo largo de sus escasos tres kilómetros de longitud había tiendas y oficinas de todo tipo. El edificio Pereira acogía un negocio de importaciones en su planta baja y las dos restantes servían de residencia de la familia Pereira (los constructores Néstor y Armando Pereira eran hijos del dueño del edificio). En un pequeño local de la planta baja funcionaba la cerrajería de Mister Kupper, un inglés o norteamericano que ofrecía su experiencia en abrir cerraduras de todo tipo, incluyendo cajas de hierro.
Colegios de La Inmaculada
El Colegio de señoritas La Inmaculada, situado en la intersección de la Calle 15 de Septiembre y la Avenida Roosevelt .
Colegio de la Divina Pastora
El Colegio de la Divina Pastora, al extremo occidental de la 15 de Septiembre.
Colegio La Asuncion
El exclusivo de La Asunción, ubicado frente a las costas del lago.
Instituto Pedagógico
Las recién construidas instalaciones del Instituto Pedagógico de varones con su imponente capilla, en la que hoy funciona el Centro de Convenciones Olof Palme, sobrevive a la devastación.
Colegio Calasanz,
El Colegio Calasanz,en el Barrio San Sebastián, que se derrumba sepultando bajo sus escombros a su director, el Padre Bruno Martínez, quien murió días después en el Hospital de León.
Hospital El Retiro,
El Hospital El Retiro era uno de los más modernos y grandes de Centroamérica, construido en 1968,
se vivieron escenas de hondo dramatismo y gran heroicidad. Al quedar la ciudad sin energía eléctrica, los médicos de turno utilizaban los faros de los automóviles para prestar los primeros auxilios a la con cada minuto creciente masa de lesionados que llegaba desde todos los rumbos de la ciudad destruida. A esos médicos se sumaron otros que abandonaron a sus familias para acudir al llamado del deber. Muchas vidas quedaron en los quirófanos sin energía, mientras otras se perdieron debido a la desesperación que se apoderó de pacientes que recuperaban después de delicadas operaciones y que se lanzaron escaleras abajo o por las ventanas hacia la muerte.
La Farmacia Managua,
las tiendas de La Centroamericana
El Restaurante Asia,
El laboratorio del Dr. Bengoechea
El complejo de edificios Venezuela, ubicados frente adonde funciona actualmente el Ministerio de Gobernación
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Viernes 22 de Diciembre de 2000 | El Nuevo Diario
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hija primogénita que murió soterrada
* A "Mirandita" el sacudión lo sorprendió en una de tantas fiestas de
agencias publicitarias
* Doña Ofelita Morales anduvo comprando su Niño Dios por última vez
en aquellos lugares que morirían
* Un grito lo despertó a la gran tragedia: la llovizna del suelo era el
polvo de las tejas que bailaban
* Managua era música y luces antes de morir: nadie imaginó lo que
estaba por llegar en medio de la alegría
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